Pagué por una respuesta que ya tenía
He estado reflexionando mucho últimamente sobre mi autoridad como mujer, mamá, y ser humano con experiencias.
De lo que me recuerdo de cuando era niña, mis sentimientos rara vez se validaban — y eso creó en mí la necesidad de validación externa constante y se tradujo en escoger caminos que no estaban alineados con mi “yo” auténtica.
Una vez que me alejé de todo eso y por fin empecé a mirar hacia adentro, seguí necesitando validación externa — ahora de libros de crecimiento personal, mentores, o gurús. Y eso es necesario en algún momento, cuando estás aprendiendo a confiar en tu guía interna después de no haberlo hecho nunca.
Pero ahora me encuentro siendo una mamá y esposa de 31 años, con más que suficiente experiencia mirando hacia adentro, y TODAVÍA buscando validación externa en canalizadores o autoridades espirituales. Esto no significa que no siga leyendo libros de desarrollo personal, al contrario, tengo una biblioteca llena de libros de autoayuda y también tengo mentores porque me apasiona seguir aprendiendo y creciendo. Pero a veces llega un momento donde buscamos respuestas que ya tenemos.
Te doy un ejemplo.
Vi el otro día en un vlog de YouTube cómo una mujer que admiro tuvo una sesión con alguien que entraba en sus registros akáshicos. Su experiencia fue tan profunda que dije: “ay, ¡esto es lo que yo necesito!” ¿Por qué? Ni idea — porque todo lo que necesito está dentro de mí. Pero igual fui y agendé una sesión con alguien que conocía que canaliza ese tipo de cosas.
Y ojo — yo creo en esto de todo corazón. Creo cuando alguien me dice que tuvo una experiencia. Pero quédate conmigo, porque lo interesante no es la sesión.
Cuando agendé la cita, sí sentía que necesitaba respuestas y confirmación. Eso fue una semana antes. Pero durante esa semana, las respuestas fueron surgiendo dentro de mí poco a poco — hasta que llegó el día de la cita y ya sabía todo lo que necesitaba saber. Por no cancelar dije: “bueno, por algo estoy aquí, vamos a ver.”
Esa frase debió ser la primera pista.
La persona empezó a hablarme sobre una vida pasada que tuve. Y yo solo pensé: “wao, qué lindo si fuera verdad, pero no siento nada. Igual mantengo la mente abierta. Lo único que sé es que esto no es lo que vine a buscar en esta sesión.”
Le pregunté si podía hacer preguntas específicas o si debía estar abierta a lo que se presentara, y me respondió: “mantente abierta a lo que entre.” Le dije que sentía que había un mensaje que necesitaba oír en ese momento, y ahí la cosa se puso un poco incómoda. Me dijo que me enfocara en meditación sobre lo que necesitaba recibir. Después me dio algo que podía ser verdad pero tan abstracto que aplicaba a cualquiera. Me preguntó: “¿fue eso lo que necesitabas oír?” Y le dije: “sí, eso mismo.”

Al día siguiente me di cuenta de que mi mensaje real era otro — y no me lo dio ella. Me lo di yo: “Estás buscando respuestas afuera de ti cuando ya las tienes adentro.”
Me tuve que reír. Porque por fin entendí que no necesito más información, ni saber detalles de vidas pasadas, ni cosas más allá para saber quién soy y a qué vine aquí.
Y ese es el punto.
A veces vamos a buscar más respuestas en todos los lugares equivocados, cuando la respuesta ya está dentro de ti. Esa voz que te dice “no necesitas esto” llega antes — aveces horas, días o semanas antes. La cuestión es si decides oírla. Y si la decides oír, si le haces caso.
En este caso fue algo muy pequeño que al final uno se termina riendo y aprendiendo una lección de todos modos - la mía fue escucharme. Pero aveces son casos más profundos que requieren que escuchemos atentamente a nuestra guía interior - no la que viene desde el miedo, si no la que viene desde el discernimiento.
Sinceramente,
Rosy